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sábado, 17 de enero de 2009

La dificultad de describir un color. Robert Hass


Si dijese -al recordar en verano
la mancha roja de un cardenal
sobre la madera pelada y el gris del invierno-

Si dijese -la cinta roja del sombrero de paja
de la niña a punto de besar
a su perro faldero, mientras lo acuna
en el cuadro de Renoir-

Si dijese fuego, si dijese sangre que mana de un corte-
O salpicaduras de amapola en el aire alquitranado del verano
en una ladera que acota el viento a las afueras de Fano-

Si dijese, el pediente rojo en su lóbulo sedoso del que tira
cuando echa las cartas con una baraja de hojas caídas
hasta que salga la que quiere-

Pezón rosáceo, boca-

(¿Cómo no amar a una mujer
que te hace trampa con el tarot?)

Rojo, dije. De repente, rojo.



Robert Hass (San Francisco, EEUU 1941). Ganó el premio Pulitzer en 2007 con su libro Time and materials, que traducido por Jaime Priede es el primero editado en españa (Bartleby Editores) y del que hemos extraído este poema.

La ilustración no sé de quién es, ¡si alguien lo sabe pues que nos escriba! Y ganará un lote de 5 libros!

viernes, 26 de septiembre de 2008

Billy Collins. El Cordón.


El otro día mientras me dedicaba a rebotar lentamente
por las paredes azules de esta habitación,
yendo de la máquina de escribir al piano,
de la estantería a un sobre que estaba en el suelo,
di a parar en la sección C del diccionario
donde mis ojos fueron a caer en la palabra cordón.

Ninguna galleta mordisqueada por un novelista francés
podría retrotraerte al pasado tan de repente-
un pasado donde me sentaba en un banco de trabajo en un campamento
junto al profundo lago Adirondack
aprendiendo a trenzar tiras finas de plástico
para hacer un cordón, un regalo para mi madre.

Nunca había visto a nadie usar un cordón
o llevar uno puesto, si eso es lo que se hacía con ellos,
pero eso no evitó que yo entrecruzara
hebra sobre hebra una y otra vez
hasta que hice un compacto
cordón rojo y blanco para mi madre.

Ella me dio la vida y leche de sus pechos,
y yo la regalé un cordón.
Ella me dio el pecho en más de una sala de espera,
me dio cucharadas de medicina,
colocó paños fríos en mi frente,
y luego me mostró el camino hacia la luz etérea

y me enseñó a caminar y nadar,
y yo, a cambio, la obsequié con un cordón.
Aquí tienes miles de comidas, dijo,
y aquí tienes ropa y una buena formación.
Y aquí tienes tu cordón, contesté,
que hice con un poco de ayuda del monitor.

Aquí tienes un cuerpo que respira y un corazón que late,
fuertes piernas, huesos y dientes,
y dos ojos limpios para leer el mundo, susurró ella,
y aquí, dije yo, está el cordón que hice en el campamento.
Y aquí, deseo decirle ahora
tienes un regalo más pequeño-no la ancestral verdad
de que nunca puedes corresponderle a tu madre,
sino el compungido reconocimiento de que cuando cogió
de mis manos el cordón a dos colores,
estaba tan seguro como pueda estarlo un chaval
de que esta cosa sin valor e inservible que trencé
de puro aburrimiento sería suficiente para quedar en paz con ella.


Billy Collins (nueva York 1941) se retrata como un profesor universitario que va en coche a dar clase, entra en una cafetería y lee el nombre de la camarera en el rótulo de su camisa, abre una enciclopedia y recuerda su infancia, cena un sandwich de jamón y una cerveza fría.
Lo malo de la poesía. Baterbly Editores. Traducción y prólogo de Juan José Lamagro Iglesias.
Ilustración de Anthony Browne

lunes, 8 de septiembre de 2008

Adrienne Rich.Canción



Te preguntas si estoy sola:
pues sí, estoy sola
como un avión que viaja solitario y horizontal
siguiendo las señales de radio, dirigiéndose
a cruzar las Rocosas
por la sucesión de pasillos azules
de un campo de aterrizaje sobre el océano

¿Quieres preguntarme si estoy sola?
Bien, por supuesto, sola
como una mujer que conduce a través del país
día tras día, dejando atrás
milla tras milla
pequeñas ciudades en las que podría haber parado
y vivido y muerto, sola

Si estoy sola 
debe ser la soledad
de despertar primero, de respirar
el primer soplo de aire frío del alba sobre la ciudad
de ser la que está despierta
en una casa envuelta en sueño

Si estoy sola
es con la firmeza del bote helado en la costa
en la última luz roja del año
que sabe lo que es, que sabe que no es
hielo ni lodo ni luz invernal
sino madera, con el don de arder


Adrienne Rich (Baltimore, 1929) está considerada una de las sobresalientes poetas y teóricas feministas en lengua inglesa. Ha publicado dieciocho volúmenes de poesía y cinco ensayos. Traducida a diferentes idiomas, su obra ha obtenido numerosos premios de gran prestigio internacioneal.  El poema extraído de su libro Poemas (1963-2000), traducido por Maria Soledad Sánchez Gómez. Editorial Renacimiento.

La ilustración es de la siempre mágica Uxua.

jueves, 4 de septiembre de 2008

C.K Williams. Las cosas últimas.



En una cubeta con fijador de secado del estudio fotográfico de un amigo
me encontré con una foto de su hijo en el instante posterior a su muerte, 
aún con las gafas puestas, una gota de sangre saliéndole de la boca. 

Recientemente mi amigo realizó un libro como homenaje a su hijo;
casi al final, hay un retrato que le hizo el día antes de su muerte;
el pie de foto dice: "Ésta es la última foto de Alex".

Estoy seguro de que mi amigo no sabe que he visto la otra fotografía.
¿Estoy traicionando su confianza al hablar de ello?
Antes de enseñarle esto a alguien, tendré que pedirle permiso.

Si estás leyendo esto ahora, sabrás que mi amigo me perdona, 
que ha visto que la pequeña verdad que pueda transmitir su historia
reside en el valor de la angustia al recordar ese momento

en el que tras cienta años de acoger la realidad a través de la lente, 
no le cabe duda de que la cámara se acercó al ojo por su cuenta
y el dedo, seguramente también por su cuenta y riesgo, 
apretó el obturador.

C.K Williams nació en Nueva Jersey en 1936. Poeta y traductor, ha publicado entre otros libros de poesía The Singing (National Book Award, 2003)  Repair (Premio Pulitzer 2000) y es el primero publicado en España por Bartleby Editores. Traducido y prologado por Jaime Priede. 

La ilustración que acompaña al poema es de Chris Silas Neal

domingo, 17 de febrero de 2008

Marta Tikkanen. De "La Historia de amor del siglo"



NOS PUSIMOS a vivir juntos
no porque nosotros
lo quisiésemos
sino porque
no podíamos dejar de hacerlo

Nosotros no nos vamos
cada uno por nuestro lado
aunque es lo que queremos
porque todavía no podemos prescindir
el uno del otro

Si esto es odio
¿cómo es entonces el amor?


A MÍ ME FUE fácil
al principio
bastaba con amar
Era bien fácil
amar
cuando una siempre había estado rodeada
de amor
y cuando había aprendido muy temprano
que el amor era lo más grande
y lo más alegre
y lo mejor que había

Mientras hubo amor
todo fue bien
Pero luego se convirtió en odio
y el odio estaba prohibido
cuando yo era pequeña

¿Cómo proceder
con un odio
que no puede existir?

No se dicen palabras feas
No se blasfema
No se pega
No se grita
No se dan portazos, desde luego
No se deja traslucir nada en la cara
No se tira ninguna cosa
naturalmente

Hay que tratar de ser verdaderamente amable
cuando se odia

Hay que tragarse el odio
comérselo
no manifestarlo
no admitir nunca su existencia

A mí no me fue fácil
odiar
pero lo fatal fue
no hacerlo.


Marta Tikkanen, nacida en 1935, pertenece a la minoría finlandesa de expresión sueca. Ha escrito guiones, textos dramáticos, colaboraciones periodísticas y dos novelas: Los hombres no pueden ser violados y Caperucita roja.
La historia de amor del siglo. Editorial Hiperión. Traducción de Francisco J. Uriz. Lamentablemente, descatalogado. Fue publicado en 1978.

La ilustración pertenece al cómic The Alcoholic de Dean Haspiel

Herberto Helder. Flash.


Hay días en que basta mirar de frente a las gárgolas
para verlas chorrear sangre. Es cuando
la piedra está a plomo, cuando la estaca
solar se clava detrás de las casas y madura
como un árbol.
Pero también oí al agua golpear directa
en las tinieblas. Por un abrazo de la sangre yo estaba
condenado
al extravío mortal. Era un don que me fundía
a la substancia primaria
del terror.
Y a la riqueza y energia. Y a la tremenda
dulzura humana. Veo canalones derramando la masa
de las cúpulas, la forma, supremas rosas de piedra
rotativa.

¿Y qué león me besó boca contra boca crin y cabello
trenzados en una llama única?
Ese beso se me hundió hasta las uñas.
Me dispuso para bestia
soberbia, para el sueño, el brillo, el desorden
o la
carnificina. ¿De qué leche ardida, de qué matriz
u opulencia terrena
nos viene la condena? Si la piedra
tiene una raíz buscando vida en qué telas de carne,
hay encima un dios agudo,
de hendidura en el casco, y brazos tan abiertos que abarca todo el basalto,
como una estrella elemental. Detrás
de los rosetones
desabrochados. Del movimiento de estatuas
arcangélicas plantadas en el reflujo
de la piedra. Boca:
Burbuja de sangre.

Y hay una palpitación soturna, una
delicadeza en el duramen: el hueso vertebral que se asienta
en el centro, en el ano:
el falo- y en torno
gira la catedral. Lenta danza de dios, desde la oscuridad
hacia lo alto.

El leve poder de la luna apenas quema los ojos.


Herberto Helder, nació en Funchal, isla de Madeira, en 1930, aunque reside en Lisboa desde 1946. Es un nombre fundamental en el panorama de la poesía portuguesa.
Según nos contó Ismael Cabezas, a raíz de sus conversaciones con Antonio Gamoneda, éste dijo de él que es "el mejor poeta europeo vivo"
Podéis leer sobre el encuentro de Ismael con Gamoneda, en su blog Seconal
O el poema continuo, Editorial Hiperión. Traducción de Jesus Munárriz.


La ilustración es de Adrian Tomine.

Billy Collins. El fantasma.


Soy el perro que sacrificaste,
como a ti te gusta llamar a la aguja del olvido,
regreso para decirte esto tan sencillo:
nunca me gustaste -ni un ápice.

Cuando lamía tu cara,
pensé en arrancarte la nariz de un mordisco.
Cuando observaba cómo te secabas con la toalla
quería saltar y amedrentarte a dentelladas.

Me ofendía la forma tuya de moverte,
tu falta de elegancia animal,
la manera en la que te sentabas a comer,
la servilleta en tu pierna, el cuchillo en la mano.

Me habría escapado,
pero estaba demasiado débil, un truco que me enseñaste
cuando estaba aprendiendo a sentarme y caminar pegado a tí
y -el mayor de los insultos- estrechar manos sin mano.

Admito que la visión de la correa
me ilusionara
pero sólo porque estaba a punto
de olisquear cosas que tú nunca habías tocado.

No quieres creerlo
pero no tengo motivos para mentir.
Odiaba el coche, los juguetes de goma
no me gustaban tus amigos y, menos aún, tus parientes.

El tintineo de mis chapas me sacaba de quicio.
Siempre me rascabas en el sitio equivocado.
Lo único que quería de ti
era comida y agua fresca en mis cacharros de metal.

Mientras dormías, observaba tu respiración
a la vez que la luna se elevaba en el cielo.
Necesite de toda mi fuerza
para no alzar la cabeza y aullar.

Ahora me he liberado del collar,
la gabardina amarilla, el jersey con el nombre grabado,
la estupidez de tu césped perfecto,
y eso es todo lo que necesitas saber sobre este lugar

excepto lo que ya suponías
y estás satisfecho de que no ocurriera antes-
que aquí todo el mundo sabe leer y escribir,
los perros poesía, los gatos y el resto en prosa.


Billy Collins (nueva York 1941) se retrata como un profesor universitario que va en coche a dar clase, entra en una cafetería y lee el nombre de la camarera en el rótulo de su camisa, abre una enciclopedia y recuerda su infancia, cena un sandwich de jamón y una cerveza fría.
Lo malo de la poesía. Baterbly Editores. Traducción y prólogo de Juan José Lamagro Iglesias


La ilustración es de Frederik Peeters, extraído del cómic Píldoras Azules

sábado, 16 de febrero de 2008

Sharon Olds. La muerte de Marilyn Monroe.




Palparon los de la ambulancia el cuerpo,
frío, lo subieron, pesado como el hierro,
a la camilla, le intentaron cerrar
la boca, le cerraron los ojos, ataron
los brazos a los lados, apartaron un mechón
de pelo enredado, como si importara,
vieron la forma de sus pechos, aplastados por
la gravedad, bajo la sábana,
se la llevaron, como si se tratara de ella,
escaleras abajo.

Esos hombres nunca fueron los mismos. Salieron
después, igual que hacían siempre,
a tomar una copa o dos, pero no podían
mirarse a los ojos.
................Dieron sus vidas
un vuelco- uno sufría pesadillas, dolores
extraños, impotencia, depresión. A otro
no le gustaba su trabajo, su mujer le parecía
diferente, sus hijos. Incluso la muerte
se le antojaba distinta -un lugar donde ella
le estaría esperando,


y el otro se encontró a sí mismo por la noche
en el umbral de la habitación del sueño, escuchando
a una mujer respirar, tan sólo una mujer
normal
respirando.


Sharon Olds, poeta estadounidense nacida en 1942. Es profesora de escritura creativa en la Universidad de NY y en el Hospital Goldwater para personas con parálisis severas.
Los Muertos y los Vivos. Bartleby Editores. Traducción de J.J Almagro Iglesias y Carlos Jimenez Arribas.

La ilustración es de Charlie Powell

Sebastiano Grasso. Los demonios de nuestro infierno cotidiano.




Te quiero cuando dices: mira cómo te tomo,
mírate mientras te tomo.
Te quiero cuando levantas mi cadera, me
deseas, estás dentro y me sacudes hasta la
garganta. Me ahogo y te quiero.


GIULIANA



Imposible decir adiós. El rastrillo
recoje treinta y seis temporadas de supervivientes.
Te quiero aunque no reflexiones y la noche se desliza
sobre tus rodillas abiertas que se mecen.
("Mírame"...). Multiplicamos gestos, ideas,
besos, significados de lo que queremos y de lo
que hemos dicho sin creerlo. La desesperación
se hace voz y cuanto más se grita, más fuerte son orgullo
y pena. Cierra los ojos, amor, mis labios
viven de tus arrugas a los bordes del rostro
y de los demonios de nuestro infierno cotidiano.


Sebastiano Grasso nació en Sicilia en 1947. En 1971 funda, con Antonio Corsaro y Anna Di Stefano, el bimestral Questioni di letteratura, que dirige y del que aparecerán cinco números. Redactor jefe, responsable de Arte/cultura en el “Corriere Della Sera”, amigo de Alberti y Moravia, con quienes colaboró en diversos proyectos.
El talco bajo las bailarinas. Rama Dorada poesía, Huerga & Fierro Editores. Traducción de Fabio Rodríguez Amaya y Nieves Arribas Esteras. Prólogo de José Saramago.

La imagen es de Laurie Lipton. Nació en New York, y se graduó en la Universidad Carnegie-Mellon, en Pennsylvania. Vivió en Holanda, Bélgica, Alemania y Francia, y desde 1986 reside en Londres. Perturbadora.

Anne Sexton. Deseando Morir.




Ahora que lo preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Luego la casi innombrable lascivia regresa.

Ni siquiera entonces tengo nada contra la vida.
Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto al sol.

Pero los suicidas poseen un lenguaje especial.
Al igual que carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

En dos ocasiones me he expresado con tanta sencillez,
he poseído al enemigo, comido al enemigo,
he aceptado su destreza, su magia.

De este modo, grave y pensativa,
más tibia que el aceite o el agua,
he descansado, babeando por el agujero de mi boca.

No se me ocurrió exponer mi cuerpo a la aguja.
Hasta la córnea y la orina sobrante se perdieron.
Los suicidas ya han traicionado el cuerpo.

Nacidos sin vida, no siempre mueren,
pero deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce
que hasta los niños mirarían con una sonrisa.

¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!
que, por sí misma, se convierte en pasión.
La muerte es un hueso triste, lleno de golpes, dirías,

y a pesar de todo ella me espera, año tras año,
para reparar delicadamente una vieja herida,
para liberar mi aliento de su dañina prisión.

Balanceándose allí, a veces se encuentran los suicidas,
rabiosos ante el fruto, una luna inflada,
Dejando el pan que confundieron con un beso
Dejando la página del libro abierto descuidadamente
Algo sin decir, el teléfono descolgado
Y el amor, cualquiera que haya sido, una infección.


Anne Sexton nació en Newton, Massachusetts, en 1928. En 1960 publicó su primer libro de poesía, To BedIam and Part Way Back, al que siguieron otros nueve, entre ellos All My Pretty Ones (1962) Live or Die (1966); Love Poems (1969) The Book of Folly (1972) y The Death Notebooks (1974), además de tres libros póstumos. En 1963 recibió el American Academy of Arts and Letters Award y en 1967 los premios Shelley y Pulitzer, En 1968 fue distinguida por la Universidad de Harvard por la totalidad de su obra. Profesora de la Universidad de Boston desde 1964, se quitó la vida en 1974.

El Asesino y Otros poemas. Icaria Editorial. Traducción de Jonio González y Jorge Ritter.